Historia

La historia de un submarino siempre con el agua al cuello

Cadiz Ascenso

Arriba y abajo, con una facilidad pasmosa.

Es la historia de este submarino amarillo, el de las inmersiones hasta las profundidades y las apariciones estelares. Un club que lleva su leyenda rubricada en la cubierta, con cien años nadando en aguas pantanosas y siempre con el agua al cuello.
Del mar precisamente llega su origen, en los albores del siglo XX, cuando los británicos exportaban fútbol por todos los puertos que visitaban. Su nacimiento es difuso, turbio. En la Federación Española ubicaban su cuna en el 1910, donde supuestamente José Rivera y Lora inscribía al Cádiz FC en el registro civil. Mirandilla dio color a su vida, el amarillo y azul lasaliano, y arrancó la travesía de esta nave que avanzó contra viento y marea. Ha bajado tanto que muchas veces se ha temido porque nunca volviera a subir. Crisis institucionales, ilusiones rotas, emigrantes en tierras extrañas, profetas lejanos, desgracias, mentiras, sueños imposibles.. Pero también las palomitas de Bueno, las cabalgadas de Liz, el carácter de Del Moral y Cilleruelo, los Trofeos nocturnos, la torre de preferencia, las bromas en el estadio, Las juergas de Mágico, la bufanda de Macarty, la sonrisa de Kiko, el gesto desencajado de Oli. Esto es la historia del Cádiz. Que no acaba aquí.



Estadio Carranza

El estadio de provincias que vio a las estrellas planetarias

Pocos estadios modestos del mundo, casi ninguno al margen de los que sirven de escenario a los grandes clubes de Europa y América, pueden presumir de tal repertorio. Por el estadio gaditano, viejo, nuevo, remodelado u original, han pasado Pelé, Cruyff, Zidane, Gento, Zoff, Di Stéfano, Zico, Mágico González, Puskas, Maradona, Butragueño, Robinho, Beckenbauer... Que eso haya sucedido en San Siro, Camp Nou, Old Trafford o Munich tiene más lógica. Son décadas en la élite y el paso de estrellas es algo asociado.

Pero en una ciudad pequeña, que apenas ha vivido 20 temporadas en Primera División, que nunca ha jugado competición internacional oficial, no deja de ser un prodigio. Ese milagro es fruto de la mezcla, ya caduca, de su antaño prestigioso torneo amistoso de agosto y algunos escarceos en la división de honor del fútbol español. Esa combinación ha convertido el escenario en un lugar de culto para los aficionados al fútbol de muchos lugares.

Su historia arrancó en 1955, gracias a los arquitectos Muñoz Monasterios y Fernández Pujol. Fueron los encargados de erigir sobre 2.400 metros cuadrados, en el entonces periférico y casi sin urbanizar barrio de La Laguna, el primer estadio Ramón de Carranza. El aforo era de 15.000 espectadores estaba marcado por aquella torre olímpica de 30 metros de altitud ya desaparecida. La iluminación artificial tardó dos años en llegar y las medidas iniciales del terreno de juego eran 106x68 metros. El encargado de presidir la inauguración fue el entonces alcalde José León de Carranza, que le puso el nombre de su padre. El primer partido fue un Cádiz-Barcelona que terminó con un 0-4 lógico entre un equipo local muy modesto y un equipo que apuntaba con ser de los mejores de Europa pese a la dictadura futbolera del Real Madrid.

Entonces comenzó esa leyenda de un estadio extraño, lo contrario a una bombonera, con gradas muy bajas y planas, que se alejaban mucho del campo. Sus porterías, con una gran extensión hacia el fondo, que habría permitido usarlas como garaje, le daban una configuración particular, inconfundible.

Durante los años 60 y los 70, la gloria llegaba siempre al final de agosto. El Trofeo Ramón de Carranza era el más prestigioso de España, Europa y América. Venían los equipos más grandes, con todas sus estrellas rutilantes. Entonces, sin la omnipresente televisión, era la única ocasión de verles. El estadio se convirtió en un templo para los degustadores de fútbol, incluso en habitual parqué bursátil para fichajes de última hora. Con los años 80, el equipo local tomó el relevo.

El torneo veraniego cada vez daba menos brillo al estadio, pero los de amarillo y azul se acostumbraron a entrar, esporádicamente, en Primera División. Ahora, Maradona, Míchel, Stielike, Schuster, Laudrup, Xavi, Casillas, Iniesta o Romario llegaban a lo largo de todo el año, para medirse a los grandes Mejías, Mágico y Kiko, no sólo en un fin de semana de agosto.

La imagen de aquel estadio particular, ancho y bajo, con un hueco enorme tras las porterías, soleadísimo, se hizo popular en toda España a través de imágenes de duelos renombrados. Empezó a cambiar en 1984, con la primera remodelación. Se colocó una visera sobre la tribuna y se construyó un nuevo Fondo Norte. Aparecieron los palcos. Aún así, el estadio seguía viejo, insuficiente. Según buena parte de la afición y de las administraciones, era necesario reconstruirlo. El 31 de marzo de 2003 empezaron las máquinas a trabajar en ese empeño. Primero se construyeron Fondo Sur y Preferencia, inauguradas ambas el 3 de agosto de 2005. Costaron 25, 2 millones y dejaron ver la mitad de lo que será el Nuevo Ramón de Carranza. Ahora así será un estadio alto, con las gradas muy verticales y encima del terreno de juego. Una coqueta, nueva y funcional bombonera. Con el Fondo Norte también reconstruido e inaugurado, queda en marcha la fase más compleja, ambiciosa y costosa: la guinda. Será la joya de la corona, también con aparcamiento subterráneo, moderno equipamiento, un hotel y unas pasarelas que la conectarán con la avenida principal de la ciudad. La obra de esa última fase comenzó el 16 de marzo pasado. El objetivo era que estuviera lista a mediados de 2011, pero esa fecha ha quedado comprometida. Un litigio y un lío burocrático, ya solventados.

La fecha de inauguración, con todo el estadio ya listo, aún así, ha quedado levemente atrasada sin un día concreto de finalización. Sólo se sabe que no será la anunciada, el 15 de julio de 2011, como pretendía el Ayuntamiento para que el Cádiz CF pudiera celebrar el partido del Centenario con el recinto totalmente renovado en agosto de ese próximo año. El propio Gobierno municipal, responsable del proyecto, ha visto ya comprometida esa programación, aunque ya hayan desaparecido todos los obstáculos legales y se prometa una aceleración de toda la obra. La estimación orientativa más fiable ubica la presentación de la obra, ya concluida completamente, en el primer trimestre del año mágico la ciudad, 2012. Demasiado tarde para el centenario del club, pero a tiempo para el Bicentenario de la Constitución que pondrá Cádiz en el objetivo de muchas cámaras. Entonces, habrán transcurrido nueve años de obras y se habrán invertido, sólo en construcción, 64,4 millones de euros. Cádiz tendrá un nuevo estadio, con un apartahotel, locales comerciales y modernas instalaciones, con capacidad total para 23.000 personas. Todo el mundo espera que la situación deportiva del equipo en ese momento sea mejor, que al menos esté en la Segunda División A. Que la categoría del espectáculo esté a la altura del renovado escenario y de su glorioso pasado.

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