Personajes

Las caras que simbolizan un centenario de historia

No se ha establecido un orden de importancia ni antigüedad, ya que cada uno fue relevante para lo bueno o para lo malo.

Cien años de historia dan para mucho, para cien historias distintas, para cien maneras de sentir el cadismo. Ellos han contribuido a que la leyenda amarilla permanezca inalterable durante el paso de los años, concretamente durante un siglo. Suvinculación al cadismo trasciende a diversos ámbitos. De esta manera, ha habido presidentes que por su gestión en los despachos han sido clave para que el equipo fuera consiguiendo sus objetivos. Quizás el más representantivo, el más recordado por los aficionados, sea Manuel Irigoyen. Bajo su gestión, la entidad permaneció casi una década consecutiva en Primera División. Hubo muchos milagros en el campo pero en alguna ocasión también se logró la salvación gracias a sus inventos comola ‘liguilla de la muerte’ de la temporada 1986-87. Otros mandatarios muy recordados han sido Juan Ramón Cilleruelo, que coincidió con el primer Trofeo Carranza, Manuel de Diego o, más recientemente, Antonio Muñoz. En los banquillos encontramos otros personajes que han contribuido de forma brillante a la historia amarilla. Es el caso de Víctor Espárrago, que tiene el honor de haber conseguido las dos mejores clasificaciones del equipo, tanto en Primera como en Segunda División. Entre los recordados hay que incluir a Enrique Mateos o Dragoljub Milosevic, que fue capaz de ascender en dos ocasiones a la máxima categoría. Y los futbolistas. Evidentemente el más laureado, Mágico González. Pero junto a él otros como Pepe Mejías, Manolín Bueno o Juan José, que, tras, pasar por el club, dieron el salto a otros conjuntos más laureados. Una lista que abren Mágico González y Víctor Espárrago y en la que no se ha establecido un orden de importancia, ni antigüedad, ya que cada uno fue relevante para lo bueno y para lo malo.

Paco Baena | Delantero (1969-1975), (1977-1980)

El ‘cazagoles’ por excelencia

Hugo VacaApodado ‘el mono’, el mítico delantero cadista tiene el honor de ser el máximo goleador del conjunto gaditano en toda su historia. Con sabor a tabaco, porque fue gracias al empeño de su padre –el mítico ‘Rubiche’ que fue jugador del Español Candelaria y el Hércules de Cádiz– por el que Baena comenzó en el Tabacalera, equipo fundado por su padre, trabajador en la fábrica de tabacos, para que su hijo pudiera compatibilizar el deporte rey con su trabajo. Ambidiestro, Paco Baena (Cádiz, septiembre de 1949) era un tanque en área contraria. Iba bien con todo. Con la izquierda, con su derecha letal y con una cabeza de hierro con la que destruía cantidad de defensas. Paco Baena comenzó en los bajos fondos. Estando el equipo en Tercera, recibió la llamada de León Lasa para que se convirtiera en la referencia de un equipo que no debía tardar más en recuperar la categoría nacional. Y dicho y hecho. Aunque comenzó como lateral derecho, muy pronto se destapó como lo fue pese a su timidez para comentárselo al técnico. «Yo entonces no me atrevía ni a preguntar. Era muy joven y para mí era increíble estar en el primer equipo», decía por entonces el delantero. La rectificación no tardó en llegar. Fue en Triana, en un partido en el que el ‘9’ titular se marchó lesionado. Aquel día, Paco marcó el primero de los diez goles que sirvieron para que el Submarino volviera a Segunda. A partir de ahí, Baena se hizo con un puesto fijo para las próximas cuatro campañas en Segunda, en las que marcó un total de 65 goles. Fueron tantos que sonaron en el Manzanares, adonde llegó en mitad de la temporada 74/75 para pasar un año y medio. Baena jugaría en Primera a las órdenes del debutante en los banquillos Luis Aragonés, quien nunca lo consideró un delantero como tal prefiriéndolo en el centro del campo. Decepcionado, abandonó la capital y firmó por el Alavés de Segunda. En las Vascongadas marcó 21 goles compartiendo delantera con un jovencísimo Valdano. Esa misma temporada 76/77, el Cádiz asciende por vez primera a la élite y su regreso no se hizo esperar pese a su contrato con el Alavés. Pero su retorno no fue muy brillante porque sólo marcó un gol. Pese al descenso, ni el Cádiz ni Baena desfallecieron. Sin embargo, una gravísima lesión de rodilla–que empeoró con el tratamiento que recibió del entonces médico del club– apartó a Baena, con sólo 29 años, de la competición de máximo nivel. Echó al telón a su carrera en el Barbate de Preferente, donde confiaba en recuperar la forma para volver al Cádiz. Pero no le fue posible. Atrás dejaba 110 goles (84 con el Cádiz). Una cifra sólo al alcance de los artistas.

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