Personajes

Las caras que simbolizan un centenario de historia

No se ha establecido un orden de importancia ni antigüedad, ya que cada uno fue relevante para lo bueno o para lo malo.

Cien años de historia dan para mucho, para cien historias distintas, para cien maneras de sentir el cadismo. Ellos han contribuido a que la leyenda amarilla permanezca inalterable durante el paso de los años, concretamente durante un siglo. Suvinculación al cadismo trasciende a diversos ámbitos. De esta manera, ha habido presidentes que por su gestión en los despachos han sido clave para que el equipo fuera consiguiendo sus objetivos. Quizás el más representantivo, el más recordado por los aficionados, sea Manuel Irigoyen. Bajo su gestión, la entidad permaneció casi una década consecutiva en Primera División. Hubo muchos milagros en el campo pero en alguna ocasión también se logró la salvación gracias a sus inventos comola ‘liguilla de la muerte’ de la temporada 1986-87. Otros mandatarios muy recordados han sido Juan Ramón Cilleruelo, que coincidió con el primer Trofeo Carranza, Manuel de Diego o, más recientemente, Antonio Muñoz. En los banquillos encontramos otros personajes que han contribuido de forma brillante a la historia amarilla. Es el caso de Víctor Espárrago, que tiene el honor de haber conseguido las dos mejores clasificaciones del equipo, tanto en Primera como en Segunda División. Entre los recordados hay que incluir a Enrique Mateos o Dragoljub Milosevic, que fue capaz de ascender en dos ocasiones a la máxima categoría. Y los futbolistas. Evidentemente el más laureado, Mágico González. Pero junto a él otros como Pepe Mejías, Manolín Bueno o Juan José, que, tras, pasar por el club, dieron el salto a otros conjuntos más laureados. Una lista que abren Mágico González y Víctor Espárrago y en la que no se ha establecido un orden de importancia, ni antigüedad, ya que cada uno fue relevante para lo bueno y para lo malo.

Manuel Irigoyen | Presidente | (1978-1992).

Marcó la centenaria historia del club

IrigoyenLa historia del Cádiz guarda un apartado muy especial a la época en la que estuvo como presidente Manuel Irigoyen . Esta etapa fue sin duda la más gloriosa del club. Sólo el Cádiz podía tener un presidente como Manuel Irigoyen que construyó el Cádiz de Mágico de la década de los ochenta. Manuel Irigoyen estuvo vinculado al Cádiz desde temprano. Su pasión por el Cádiz y por las cuentas le llevó a ser tesorero del presidente Manuel de Diego. Irigoyen defendía un modelo distinto de gestión al que propugnaba De Diego. Fue un adelantado a su tiempo. A finales de los años setenta ya vaticinaba lo que años más tarde sería la conversión de los clubes de fútbol en Sociedades Anónimas Deportivas. «Siempre he tenido una viva inquietud en demostrar que un club de fútbol, en lo económico, debe y puede ser, una sociedad mercantil». Él mismo, en sus meses al frente del club, llevó a cabo esa transición en el Cádiz CF. En 1978 se presentó como candidato contra el que era su presidente, y ganó las elecciones, comenzando el mejor ciclo de la historia del fútbol gaditano. Irigoyen hereda un club con una deuda de ochenta millones de pesetas, desprestigiado en toda España por su mala gestión económica. Desde entonces y hasta su salida comenzó una política austera. Muchos fueron los jugadores que tuvieron problemas con él debido a las revisiones de sus contratos, pero sus motivos eran siempre la supervivencia del club. Irigoyen fue también directivo de la RFEF, lo que le permitió además ayudar al Cádiz. En 1987 se inventó la ‘liguilla de la muerte’. Asimismo Irigoyen resultó ser el gran patrocinador de la llegada primero, y la permanencia después, de Mágico González. Le defendió a capa y espada porque sabía que detrás de aquel niño grande se escondía un futbolista al que su equipo, en otras condiciones, jamás podría aspirar. En 1984, cuando la leyenda de Mágico estaba aún por consolidarse, respondía de esta forma a un socio que preguntaba por el salvadoreño: «ya se porta mejor, se cuida más y tiene menos anginas». En marzo de 1992, el mandatario sufría una fuerte angina de pecho y tuvo que quedar hospitalizado en la capital de España durante varios días. Sin embargo, pasado el susto, no pudo apartarse de su querido equipo. Convirtió al club en SAD, para después ver cómo el Ayuntamiento le retiraba la presidencia para cederla a Rafael Garófano, que a punto estuvo de disolver la sociedad. Apartado de la vida pública, Irigoyen fallecía en abril de 1998 para permanecer siempre en el recuerdo de todo el cadismo y el de todo el mundo futbolístico español.

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