Personajes

Las caras que simbolizan un centenario de historia

No se ha establecido un orden de importancia ni antigüedad, ya que cada uno fue relevante para lo bueno o para lo malo.

Cien años de historia dan para mucho, para cien historias distintas, para cien maneras de sentir el cadismo. Ellos han contribuido a que la leyenda amarilla permanezca inalterable durante el paso de los años, concretamente durante un siglo. Suvinculación al cadismo trasciende a diversos ámbitos. De esta manera, ha habido presidentes que por su gestión en los despachos han sido clave para que el equipo fuera consiguiendo sus objetivos. Quizás el más representantivo, el más recordado por los aficionados, sea Manuel Irigoyen. Bajo su gestión, la entidad permaneció casi una década consecutiva en Primera División. Hubo muchos milagros en el campo pero en alguna ocasión también se logró la salvación gracias a sus inventos comola ‘liguilla de la muerte’ de la temporada 1986-87. Otros mandatarios muy recordados han sido Juan Ramón Cilleruelo, que coincidió con el primer Trofeo Carranza, Manuel de Diego o, más recientemente, Antonio Muñoz. En los banquillos encontramos otros personajes que han contribuido de forma brillante a la historia amarilla. Es el caso de Víctor Espárrago, que tiene el honor de haber conseguido las dos mejores clasificaciones del equipo, tanto en Primera como en Segunda División. Entre los recordados hay que incluir a Enrique Mateos o Dragoljub Milosevic, que fue capaz de ascender en dos ocasiones a la máxima categoría. Y los futbolistas. Evidentemente el más laureado, Mágico González. Pero junto a él otros como Pepe Mejías, Manolín Bueno o Juan José, que, tras, pasar por el club, dieron el salto a otros conjuntos más laureados. Una lista que abren Mágico González y Víctor Espárrago y en la que no se ha establecido un orden de importancia, ni antigüedad, ya que cada uno fue relevante para lo bueno y para lo malo.

Juanito Mariana | Extremo (1964-1967), (1971-1973)

El Camp Nou disfrutó de su talento

JuanitoJugador de gran talento, y gaditano hasta la médula, de los que sus vecinos vieron jugar desde pequeño, Juanito Mariana mereció mejor suerte en el fútbol. Su carrera prometía grandes éxitos cuando fichó por el Barcelona, pero una grave lesión en uno de sus brazos truncó su carrera y a pesar de que se recuperó y pudo volver a la práctica del fútbol, el daño sufrido fue demasiado. Así puede definirse la historia de este héroe local de los que a veces queremos buscar fuera cuando los tenemos en casa. Juan García Torres nació en Cádiz el 10 de febrero de 1946. Ese mote se le acuñó desde pequeño en su barrio, Santa María, por ser ese, Mariana, el nombre de su abuela, con el que todo el mundo identificó desde pequeño a Juan García. La estancia de Juan en el cuadro amarillo se prolongaría por cuatro temporadas. «Hubo de todo, pasamos por muchos sinsabores, pero también hubo momentos muy buenos». En su primera temporada como profesional, tuvo que lidiar con una temporada complicadísima, en la que el Cádiz se libró por los pelos de no descender a Tercera División, (tras una dura promoción contra el Eibar), algo que seguramente habría ocurrido de no ser por sus diez tantos. Finalmente, en la temporada 67-68, Mariana se ratifica y deja de ser un posible, a ser toda una realidad. Anota diez tantos en esta ocasión, firmando un final de liga simplemente espectacular, que casi consigue meter al Cádiz en Primera División. La posición final del equipo fue quinta en la clasificación. Tras el interés de varios grandes, el Barcelona es el que finalmente se lleva el gato al agua. El propio Juan recuerda emocionado su primer partido como blaugrana. «Se puede considerar, y así lo hago yo, que mi debut con el FC Barcelona fue precisamente en Cádiz, en el Trofeo Carranza de aquel verano». Concluida la campaña 68/69, el club barcelonista decide prescindir de de sus servicios y Mariana ficha por el Granada, que milita entonces en Primera División. El propio Juan nos explica cómo se gestó el fichaje: «Ramoni, que estaba en el Granada, les habló bien de mí, y como el Barcelona se interesó por él, al final llegaron a un acuerdo ambos clubes, y cada uno fue a donde estaba el otro». Tras varias desgracias recibió una oferta para volver al Cádiz y, partir de ahí, todos fueron vaivenes en los que la suerte le fue esquiva en el mundo del fútbol. Su final fue inmerecido para un jugador de su categoría, que de haber tenido mejor suerte, sin que nadie le hubiera regalado nada, únicamente estar en las condiciones físicas óptimas para el fútbol, habría llegado muy lejos, y sería recordado de forma muy distinta.

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