Presidentes

Un palco lleno de desdichas enaltecido por Irigoyen

Presidir el Cádiz desgasta pero Muñoz parece incansable.

Es triste que una entidad como el Cádiz comience la temporada de su centenario sin un presidente en el palco y con uno escondido tras él con miedo a salir por el suspenso mayúsculo con el que le califica la sabia afición amarilla. Una pena, pero algo común si repasamos la historia de los máximos mandatarios cadistas, de la que sólo Manuel Irigoyen salió como un héroe, aunque algunos recuerdan las ventas de Kiko y Quevedo a precio de saldo al grupo de Jesús Gil. Los 100 años de historia amarilla dan para mucho en el palco. En los primeros 30 cumpleaños del club ningún presidente consigue resistir en el cargo más de dos años. Ya en 1936, en el primer año que el equipo pasa a llamarse Cádiz CF, una junta gestora es la encargada de dirigir el Submarino. En 1944 pasan hasta tres presidentes por el palco: Francisco Mera (perteneciente al Hércules de Cádiz), Isaías Monforte y Enrique Alcina. El primer hombre que dura algo más de un lustro en el cargo fue Juan Ramón Cilleruelo, que entra en 1950 para cubrir la dimisión de Vicente Moral debido a grandes luchas internas por faltas de transparencia en la recaudación económica del trofeo La Voz del Sur, creado para sanear al equipo. Cilleruelo se deja los cuartos por asentar al equipo en Segunda División pero, aún así, en la temporada 1955-56 tiene que presentar su dimisión debido al clamor popular con el que contaba Julián Arana, que anunciaba su regreso con un respaldo de directivos quepnían de su bolsillo las 600.000 pesetas que pedía el entrenador, Sanitago Nuñez. Cilleruelo se va casi obligado del cargo a pesar de su buen hacer por culpa del dinero, que no trajo el ascenso a Primera. El Cádiz se salvó a final de temporada de caer en el descenso (se quedó a cuatro puntos) y Arana, que llegó prometiendo el oro y el moro, salió por la puerta de atrás y tras una gran bronca con el técnico Nuñez. Otro caso misterioso en la presidencia del Cádiz es el de Márquez Veiga. Mantiene al Cádiz diez años en Segunda sin hacer grandes esfuerzos por progresar en lo deportivo pero saneando las arcas del equipo. En su penúltimo año el Cádiz desciende a Tercera y deja el cargo tras completar la temporada perfecta. Deja al equipo en Segunda, donde lo cogió, pero con las cuentas sin números rojos. Es raro que aparezca su gestión entre las mejroes del Cádiz. Seguidamente entra Gutiérrez Trueba, que crea el Cádiz B y empieza a hablar de Primera División. Tiene que dimitir porque su cadismo le pide que lo deje al no conseguir el ascenso pero, Manuel de Diego, fallecido hace unos años sin haber recibido un sólo homenaje como el que se merecía, remata su trabajo y logra el ascenso en 1977. Luego llega Manuel Irigoyen y sus ‘inventos’ para mantener al Cádiz ocho años en Primera. El gaditano limpió la presidencia y la hizo objeto de deseo ya que dejó al equipo en la élite. Demasiado goloso para el grupo ADA y los empresarios Antonio Muñoz y Arturo Baldasano, que volvieron a escribir páginas negras en la historia del cadismo.

Julian Arana Irurita (1946-1949) y (1956)


Hombre de dinero y con gran reputación. Su primera etapa la vive en Tercera para luego coger al equipo en Segunda y fracasar.

Juán Ramón Cilleruelo (1951-1956)


Él y sus directivos se dejaron los cuartos por el equipo. No consiguió el ascenso a Primera y se marchó por la puerta de atrás.

Manuel Vieira Aguilar (1957-1960)


Coge al equipo cerca de la quiebra tras el 'crack' de Arana. Consiguió cerrar las cuentas con superavit por primera vez.

Francisco Márquez Veiga (1959-1969)


Dura once años y sanea al equipo en Segunda. Su penúltimo años lo vive en Tercera y se va tras la 'campaña perfecta'.

José Antonio Gutiérrez Trueba (1970-1974)


Presidente de relumbrón. Consigue hablar de ascender a primera, funda el Cádiz B y trae gente de renombre al club.

Vicente Alonso González (1975)


Apenas duró una temporada en el cargo. No supo continuar con el trabajo de su antecesor y fracasó en lo deportivo.

Manuel de Diego Moreno (1976-1977)


Logró llevar el equipo a la máxima categoría. Remató el trabajo de Gutiérrez Trueba y nunca recibió un merecido homenaje.

Manuel Irigoyen Roldán (1978-1993) y (1994-1995)


Ídolo del cadismo. Mantuvo al equipo ocho años en Primera y vivió la época dorada. Sus recursos eran interminables.

Rafael Garófano Sánchez (1993)


Hombre elegido por el Ayuntamiento de Cádiz para sustituir a Manuel Irigoyen. Primer mandatario de la etapa como S.A.

Juan Manuel González Díaz (1994)


Empresario del grupo de Jesús Gil. Su paso por el Cádiz fue fugaz y el equipo descendió a Segunda B, donde se quería regalar.

Manuel García Fernández (1995)


Mano derecha de Antonio Muñoz que devuelve el Cádiz a manos gaditanas. Un fracaso en lo deportivo.

Antonio Muñoz (1996-1998) y (2000 y 2011)


Presidente más longevo del cadismo. Pasó de héroe a villano por convertir el Cádiz en su principal empresa.

Rafael Mateo Alcántara (1998-2000)


Hombre de ADA, Rafale Mateo se dejó la piel por el Cádiz, pero el grupo y Fran Canal estafaron su buena fe.

Antonio Mendoza (2000-2001)


Creo una empresa ficticia con la que dirigía el club junto al nipón Masato Horita. Una estafa que duró unas semanas.

Arturo Baldasano (2008)


Llegó en verano a lo grande junto con Moisés Israel. Primero fue un bajón de azucar y luego huyó de la ciudad.
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