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La tele miente.... lo justo. La capacidad manipuladora que atribuyen a la 'caja tonta' no resulta suficiente para ocultar el infumable espectáculo que tarde tras tarde ofrece la Segunda B de este devaluado fútbol español. El 'emocionantísimo' derbi entre los dos mejores equipos del grupo andaluz, recogido por las cámaras del ente autonómico, acabaría siendo uno de esos tantos encuentros de la categoría de bronce en los que el fútbol brilla por su escasez y que obliga a tener el mando a distancia al alcance de la mano.
Quizás por otorgar algo de suspense a lo que se presume como aburrimiento mayúsculo, tal vez por el reparto fraternal de dos hermanos que alternan alegrías y miserias, el resultado final deparaba un empate que deja más satisfecho a la Balona que al Cádiz pese a que la diferencia -tres puntos y un partido menos a favor de los amarillos- aún es manifiestamente favorable para los gaditanos. No obstante, por esa impaciencia que caracteriza a este crispado club en estado de urgencia, la sensación que sobrevolaba Carranza es que se perdía una magnífica ocasión para poner pies en polvorosa y sentenciar el primer objetivo de esta plantilla.
Y es que el liderato se ponía en juego sobre el tapete de la plaza Madrid, con las cartas en la mesa y los dos mejores actores de la categoría. Cádiz y Balona, unidos por los lazos provinciales y por el sentimentalismo de dos aficiones hermanadas, pugnaban por un primer puesto con perfiles bien distintos: para los amarillos una obligación, para los albinegros algo más que un sueño.
Quizás por la valentía que provoca toda ilusión, los visitantes, un enano en tierra de gigantes, arrancaban pujantes el duelo, apretando arriba y cercando los dominios de un Aulestia sorprendido. El meta vasco defendía como de costumbre el arco amarillo pese a las molestias de la semana; en cambio, Ikechi reposaba en el banquillo con Toti sobre el campo compartiendo carril con Camille.
Tardaba veinte minutos el Cádiz en tomarle el pulso al encuentro, pero de forma irregular. Algunos destellos de Toti, detalles de Cases, la energía de Akinsola, el desborde de Ferreiro, sin resultados fructuosos. El salmantino disponía de la mejor ocasión en una acción trenzada desde la banda derecha pero su disparo mordido se alejaba del marco de Pagola.
Ocasiones al final
Los minutos goteaban de forma incesante y se escapaba la primera parte sin incidencias. De Coz, con un chut seco, probaba al meta linense, que observaba como sus compañeros daban pasos atrás peligrosamente antes del descanso. El portero evitaba el primer gol aguantando hasta el final el tiro de Akinsola, que buscaba el tanto por debajo de las piernas del arquero, y mantenía las tablas al descanso.
Regresaba con más ímpetu el conjunto de Jose, espoleado por los últimos minutos de la primera mitad. Carlos Guerra le birlaba el balón a Akinsola justo cuando iba a fusilar a Pagola, y el gol comenzaba a mascarse recién iniciada la reanudación. La Balona se dedicaba solo a achicar pelotas, y las perdía a velocidad de vértigo.
No obstante, al Cádiz se le apagaba la luz cuando se acercaba al área. Y cuando se encendió al fin, Cases la fundía con un disparo desviado con los siete metros de portería para él. Con constancia los amarillos empezaban a meter balones en el área de Pagola, uno tras otro. Jose incorporaba a Ikechi como revulsivo para desbordar por la banda del infatigable Merino, ya con 36 primaveras a sus espaldas. Y nada más salir la locomotora, el Cádiz comenzaba a rodar, a correr, a volar. Una internada suya dentro del área servía para brindar un balón en bandeja a Akinsola, derribado por el defensor balono en un acción muy discutida. Penalti que convertía Ferreiro con un suspense que durante tres segundos silenciaba Carranza. Pagola despejaba en primera instancia pero el gallego no perdonaba en el rechace.
El gol rompía el partido. Cases se lucía con una espectacular jugada en la que sentaba a tres rivales pero los ojos se le nublaban frente al arquero albinegro. Era entonces el Cádiz el que daba el paso atrás y lo pagaba, quizás con algo de injusticia por como se había desarrollado el encuentro. El pequeño Ocaña cabeceaba un córner anticipándose a la zaga amarilla y con la testa dejaba el cuero inalcanzable para Aulestia. A siete del final del tiempo reglamentario, la igualada cambiaba el panorama de manera radical.
Jose daba entrada a Dioni en el hueco de Cases. La alternativa la tomaba por enésima vez el conjunto local, sin suerte en las acciones decisivas. Akinsola, más patoso que nunca, se liaba en los momentos puntuales, desconocido. Cariacontecido como el resto de compañeros que no daban crédito a lo ocurrido, no entendían como se esfumaban dos puntos cuando el viento soplaba a favor.
En el casillero puede resultar anecdótico, pues el liderato parece encarrilado, pero la mirada inevitablemente ya avanza al futuro y la confianza no es absoluta en un equipo que demasiadas veces se encomienda a la calidad individual de los jugadores para solucionar las papeletas, pero que no termina de encontrar un patrón de juego distinguible.
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0 - 0 |
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| CR Castilla | Sin comenzar | Cádiz CF |
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