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El duelo entre los dos estrategas, Gómez y González, expertos en el ajedrez futbolístico, acaba en tablas. El de Albacete intentó mantener el tipo al inicio y adelantar sus piezas, el de Cádiz se dedicó sobre todo a aguantar la ofensiva del rival y aprovechar sus lagunas a la contra.
Y cuando el miedo aparece en un terreno de juego, máxime cuando hay tanto en juego, el 0-0 es el marcador más lógico, el que deja a todos contentos. Ambos técnicos ya animan a sus tropas de cara al decisivo encuentro de vuelta, donde ya no hay más que guardar. Al Alba le vale con empatar a goles, pero Cádiz le sirve con una victoria pírrica. Pero para eso tendrá que rematar entre los tres palos, algo que ayer no hizo en 90 minutos.
El camino más largo siempre es el más duro, el más costoso, el más sacrificado. La reprimenda del Castilla obliga a los amarillos a purgar sus penas en este rodeo cruel, para el que no se había preparado. Jose González, que ya no puede cambiar el paso después de tantos kilómetros recorridos, solo sacrificaba a un futbolista aunque ¡vaya pieza! El capitán pagaba sus errores ante el filial blanco y cedía su liderazgo al solvente Goikoetxea.
El equipo amarillo mantenía el balón lejos de su arco, cargando su juego a banda donde el inspirado Ikechi amenazaba con su velocidad y desborde. Ferreiro y Cases seguían adormecidos, esperando a que sonara su despertador biológico. Por sorpresa, el Cádiz arrebataba el cuero a su adversario, sesgando la continuidad de su fútbol. Los manchegos se sentían incómodos y el cuadro gaditano se crecía, todavía sin ocasiones destacables al cuarto de hora.
Hasta que el corazón amarillo sufría el primer golpe, aún suave, una contracción como aviso. La indolencia de Yuste permitía a Adriá colarse por línea de fondo, y su centro raso lo picaba Calle con la punta de la bota para enviarla 'pegadita' al palo. Susto sin consecuencias, y que advertía al Cádiz de la necesidad de no desconectar un solo segundo.
Curto repetía por diestra. Mientras el equipo amarillo se limitaba a explotar a Ikechi por la derecha. Dominaba sin eficacia, a la vez que los locales originaban mayor peligro con muy poco. Las cualidades ofensivas del cuadro gaditano habían desaparecido de un plumazo, y a ver quién las encontraba. El correcaminos británico siempre erraba en el instante clave, en el pase final, o el disparo. No concretaba, y el fútbol sin gol no conduce más que al fracaso.
El técnico albaceteño, consumado estratega, movía las piezas como en una partida de ajedrez y sacrificaba al alfil Tete para para introducir a la torre Molina. Extremo por delantero. Pero el que se salía del tablero era Ikechi, que seguía desbordando con su endemoniada velocidad. Arrancaba desde mediocampo pero al final, como de costumbre, se empañaban los cristales delanteros y su disparo moría lejos del arco.
La primera parte languidecía con una jugada ensayada desaprovechada por un desconocido Ferreiro. El descanso irrumpía dejando una sensación agridulce en un Cádiz al que le faltaba efectividad, más en la última acción que en el remate, pese a mantener el balón en la zona que quería.
Después de la guerra en la grada, con lanzamiento de objetos y 'porrazos' policiales al magullado ejército amarillo, entraba un segundo asalto marcado por la incertidumbre. La ansiedad de ambas escuadras se dejaba notar en sus imprecisiones, y el partido comenzaba a moverse al ritmo de los latidos del corazón, muy aceleradamente.
El Albacete se lanzaba a muerte y el Cádiz respondía con temibles contragolpes. El motor de Ikechi comenzaba a dar problemas debido al desgaste físico y la caza de la defensa rival. Y el equipo de Jose perdía fuelle.
Los de Antonio Gómez daban un paso adelante, ganando terreno, y Aulestia salvaba el primer tanto con una buena intervención a disparo de Rocha. Mientras, el Cádiz se dedicaba a esperar que sonara la flauta. Sin idea, sin un patrón claro. Esperar y esperar. A que Ikechi desbordara en banda o se sacara petróleo a balón parado. Poco más. El Albacete le había comido el terreno suficiente para empujarlo a la zona peligrosa. Se lo iba a zampar.
Sufría, sufría mucho el Cádiz, asediado, encerrado a base de córners. Respirando como podía, sacando la cabeza en plena 'ahogaílla'. Y Jose de desgañitaba en la grada pero no cambiaba las piezas.
Hasta el minuto 74. El fundido Ikechi se difuminaba por banda y recalaba en el césped Juanse, cayendo a derecha y pasando a Ferreiro a la izquierda. No cambiaba el panorama, la pésima imagen cadista en una segunda mitad exasperante. Aulestia volvía a salvar un disparo envenenado del 'Alba', pero solo parecía alargar la agonía. Otro lanzamiento desde la frontal rozaba la madera del vasco.
Jose incrustaba a Akinsola junto a Juanjo, mandando a Cases a la caseta. Juanse le mejoraba la cara a los amarillos, pero seguía siendo Aulestia el verdadero héroe.
Albacete: Miguel, Alba, Noguerol, Santamaría, Zurdo (Candela, 69'), Rocha, Miguel Núñez, Tete (Molina, 41'), Adriá, Víctor Curto (Herreros, 75') y Calle.
Cádiz: Aulestia, De Coz, Goikoetxea, Murillo, Camille, Yuste, Óscar Pérez (Moke, 86'), Ferreiro, Cases (Akinsola, 81'), Ikechi (Juanse, 73') y Juanjo.
Árbitro: González Fuertes, Pablo (colegio asturiano). Amarilla a Noguerol, Murillo, Óscar Pérez, Santamaría.
Incidencias: Carlos Belmonte. 8.000 aficionados. Unos 500 cadistas en las gradas. En el descanso, hubo lanzamiento de objetos por parte de las dos aficiones y carga policial, que se saldó sin incidentes graves.
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1 - 2 |
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| Cádiz | Finalizado | Almería B |
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